BLOG

 

Acompañamos a las mujeres que viven en zonas rurales

A través del programa «Mejorando nuestras relaciones», más de 150 mujeres han compartido sus experiencias y saberes impulsando su bienestar y autoconocimiento

Uno de los grupos de mujeres que más demandan espacios para conversar y trabajar sobre sexualidad y relaciones de pareja son las mujeres que viven en zonas rurales. Suelen ser mujeres organizadas en asociaciones, que ya desarrollan sus actividades, reuniones y proyectos, y que comparten un espacio en el que se habla de temas que muchas veces no tienen otro sitio donde ser expresados. La sexualidad es precisamente uno de esos temas que les preocupan y que necesitan compartir en un espacio de confianza, lejos de los juicios y tabúes que muchas veces suelen rodearlo en municipios pequeños.

En SEDRA trabajamos con mujeres rurales desde hace varios años, especialmente en regiones con mucha dispersión geográfica y un gran número de municipios pequeños, como es el caso de Castilla-La Mancha. Gracias al apoyo del Instituto de la Mujer de esta comunidad autónoma desarrollamos el programa Mejorando nuestras relaciones, que quiere promover el autoconocimiento y el bienestar de estas mujeres y brindarles herramientas para mejorar su autoestima y sus relaciones interpersonales, especialmente las de pareja.

Estos espacios de educación sexual no sólo crean oportunidades para compartir conocimientos y experiencias, sino que construyen redes de apoyo en las que cada mujer se siente acompañada. Así, lo que comienza como una conversación sobre sexualidad se convierte en una herramienta de empoderamiento y cambio, capaz de transformar la forma en que se vive y entiende el propio bienestar, en un ambiente de confianza y respeto.

Desde la vuelta de verano hemos realizado diez talleres con mujeres de municipios de la región castellano-manchega como Chinchilla, Alpera, Bonete, Hoya Gonzalo, Montealegre del Castillo, Higueruela y Marchamalo, en las provincias de Albacete y Guadalajara, y en los que han participado más de 150 mujeres. Aún quedan varios encuentros por celebrarse antes de final de año, pero ya estamos viviendo oportunidades valiosas para conversar sobre temas como el autocuidado, el placer, la comunicación en pareja y la construcción de relaciones positivas.

Uno de los temas que más ha dado lugar a conversaciones interesantes es el de la asimetría en la pareja y la identificación de situaciones de malos tratos. La influencia del entorno rural, unida a la de la familia, hace que se den muchas situaciones de dependencia que a veces se ven agravadas por el aislamiento que supone la distancia a las ciudades y que suponen, para muchas mujeres, la reducción de las relaciones interpersonales y de amistad. Esto produce dependencias afectivas y también económicas, y también limitaciones a las redes sociales de protección. Todo ello en un contexto en el que la violencia de género se considera como algo vergonzoso y del ámbito estrictamente privado.

En las sesiones que llevamos a cabo, muchas mujeres encuentran tal vez por primera vez un lugar para hablar de lo que viven y para reconocer situaciones que nunca habían podido nombrar.

Ese es uno de los elementos, creemos, por los que la valoración de estas actividades es tan positiva. Nos cuentan que gracias a ellas se dan cuenta de que lo que les pasa “le pasa a casi todas”.

También nos recalcan la importancia de poder hablar, y de poder hacerlo con otras mujeres. Como dice Mª Paz, una de las participantes, al principio “da un poco de corte abrirte con las compañeras, porque de sexualidad poca gente habla, sigue siendo un tabú”, pero enseguida comienzan a hablar y, nos cuenta Carmen, ven que “en estos espacios no te sientes tan sola”.

Las mujeres rurales encuentran en la educación sexual, en definitiva, un espacio que les permite expresarse, conocerse y reconocerse; pero, sobre todo, un camino para expresar su voz y su necesidad de autonomía. Nos emociona y nos da impulso saber que estamos contribuyendo a crear lugares en los que descubrir el poder de la información, el placer del conocimiento y la fuerza que da el sentirse acompañada y comprendida.