La Cumbre de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29) aborda una crisis que afecta negativamente a la igualdad de género y a la salud de mujeres y niñas.
El cambio climático está multiplicando la pobreza, el hambre y las desigualdades en todo el mundo, y lo está haciendo de manera desigual. Los países pobres son los que menos han contribuido a esta crisis, pero son los que más directamente la sufren y los que cuentan con menos recursos para afrontarla.
Según datos de Oxfam, el 1% más rico de la población mundial genera el 16% de las emisiones de carbono a nivel global, tanto como los 5.000 millones de personas que componen los dos tercios más pobres de la humanidad.
Según datos de la ONU, el 80% de las personas desplazadas por el cambio climático son mujeres.
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH): ‘El cambio climático agrava la violencia contra las mujeres y las niñas’ (2022).
Pero, ¿qué tiene que ver la crisis climática con los derechos sexuales y reproductivos?
No todas las personas se ven afectadas del mismo modo por las catástrofes. Las desigualdades sociales, económicas, culturales, y la marginación que resulta de la discriminación por motivos de género, clase, raza, etnia, edad, discapacidad, entre otras, incrementan la vulnerabilidad de las personas que la sufren y su capacidad para adaptarse a la crisis climática
En particular, la desigualdad de género -una forma de discriminación estructural y común a todas las sociedades y culturas- implica que las mujeres y las niñas corren un mayor riesgo de experimentar los efectos nocivos de la crisis climática, muchos de ellos relacionados con su salud y sus derechos sexuales y reproductivos:
- Los fenómenos meteorológicos extremos asociados al cambio climático interrumpen o dificultan el acceso a los servicios de atención a la salud sexual y reproductiva, que contribuyen a reducir los embarazos no deseados y a menudo salvan vidas.
- La mayor frecuencia, duración y severidad de las sequías dificulta el acceso al agua limpia, que resulta indispensable para garantizar una adecuada atención durante el embarazo y el parto o para la administración de ciertos métodos anticonceptivos.
- El incremento global de las temperaturas, la exposición al calor extremo y la contaminación atmosférica tienen efectos adversos en la fertilidad de las personas, perjudican la salud de las mujeres embarazadas y pueden provocar partos prematuros, abortos espontáneos y muerte fetal.
- La ausencia de instalaciones sanitarias adecuadas y de puntos de suministro de agua seguros, así como las dinámicas sociales de desplazamiento resultantes de los fenómenos meteorológicos extremos, generan contextos de mayor vulnerabilidad para las mujeres y las niñas y aumentan el riesgo de que sufran violencia sexual y de género.
¿Qué debe hacerse?
- Adoptar un enfoque feminista interseccional que reconozca y señale las formas combinadas de desigualdad agudizadas por el cambio climático y promueva respuestas transformadoras que permitan superarlas. Se trata, en otras palabras, de luchar por la justicia climática. Y no hay justicia climática sin justicia de género y sin justicia reproductiva.
- Apoyar a las organizaciones de mujeres que luchan por la justicia de género y la justicia reproductiva, especialmente aquellas que se encuentran en los países del sur global y que enfrentan condiciones más adversas.
- Reclamar que los procesos de formulación de políticas frente al cambio climático sean inclusivos y cuenten con la participación efectiva de grupos de mujeres y de jóvenes, así como de grupos que trabajan con poblaciones marginadas o las representan.
- Promover la investigación para profundizar en las evidencias sobre las interrelaciones que existen entre la salud y los derechos sexuales y reproductivos y la crisis climática.
- Asegurar una mejor preparación en las emergencias para abordar las necesidades de atención a la salud sexual y reproductiva de las personas afectadas o desplazadas por la crisis climática, tanto a través del fortalecimiento de los sistemas nacionales públicos de salud como de la acción humanitaria.
Análisis de la financiación europea
Un reciente análisis de las políticas europeas llevado a cabo por Countdown2030 Europe, del que SEDRA forma parte, muestra que aunque los 13 Estados miembros e instituciones de la UE analizados dan prioridad tanto a la salud sexual y reproductiva como a la acción por el clima, sólo seis -Dinamarca, Francia, Alemania, Noruega, los Países Bajos y el Reino Unido- reconocen específicamente la interconexión entre los dos ámbitos. Entre las 78 políticas examinadas en la última década, sólo 11 los vinculan explícitamente. En estos casos, la atención se centra a menudo en cómo el cambio climático amenaza el acceso a la salud sexual y reproductiva o en el potencial de esta para contribuir a la adaptación al clima.
La financiación europea también revela una inversión limitada en proyectos integrados de salud sexual y reproductiva y clima. Mientras que los financiadores europeos gastaron 19,5 mil millones de euros en acción climática y 8,5 mil millones en salud sexual y reproductiva entre 2020 y 2022, solo 75 millones de euros se destinaron específicamente a ambos. Sin embargo, si se consideran los proyectos multisectoriales con vínculos indirectos entre los dos ámbitos, la financiación se multiplica por diez. Las agencias de la ONU y otras organizaciones multilaterales son los principales canales de financiación, seguidos por diversas organizaciones e iniciativas.
El informe de Countdown 2030 Europe hace un llamamiento a los financiadores europeos para que alineen sus políticas, aumenten la financiación, mejoren la transparencia, lleven a cabo más investigaciones, refuercen la capacidad de sus ministerios y apoyen a los países socios.
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