Cromosomos X trabaja para que la menstruación deje de vivirse con vergüenza y desigualdad. Su propuesta pone en el centro que hablar de salud menstrual es también hablar de justicia social.
Compartimos el artículo de Mariña F. Escariz, fundadora de Cromosomos X, en la revista Diálogos de junio. En él nos habla del imaginario que desgraciadamente todavía persiste sobre la menstruación, y de la propuesta interseccional y comunitaria para resignificar una realidad que también es política:
Mariña F. Escariz.
Fundadora de Cromosomos X
La mitad del mundo menstrua, ha menstruado o va a menstruar. Dicho de otra forma, unos dos mil millones de personas están viviendo este fenómeno biológico, que es a la vez —y sobre todo— un fenómeno político. La falta de información sobre el tema, tratado mundialmente como un tabú, sitúa la menstruación entre la especulación y el mito, y merma la seguridad en sí misma de quien menstrua. Creencias, tabúes y cuentos de terror nos predisponen a entender la menstruación como algo vergonzante, sucio y bochornoso. Este imaginario define la forma que tenemos de relacionarnos con la regla. Y eso es político, no fisiológico.
Somos pocas las que hablamos de ello, las que normalizamos nuestro ciclo y lo integramos en el análisis de cómo estamos, cómo nos sentimos o quiénes somos. El resto del tiempo pareciera que vivimos con una parte de nosotras escondida, amputada. Me lo imagino como el andar que surge al tratar de ocultar una cojera, pero al revés: es ocultar el miembro lo que nos obliga a caminar cojas. Y Cromosomos X nació para que las niñas ocupen todo el espacio que merecen en el patio del colegio.
Hace seis años fundé Cromosomos X, una asociación sin ánimo de lucro que nació con más ganas que rabia, y más rabia que vergüenza, para reivindicar que todas las niñas tienen derecho a ir a la escuela todos los días del mes; que ninguna persona por menstruar debería esconder sus productos; que la vergüenza es la puerta de entrada a otras formas de violencia, y denunciar que si nos miramos con asco, si nos borramos, estamos permitiendo que nos miren así y que nos borren también.
Trabajamos por la justicia menstrual desde un enfoque interseccional, comunitario y de derechos. Lo hacemos junto a comunidades vulnerabilizadas en España, Latinoamérica y África. En colegios, institutos, albergues o centros de día. Nuestra metodología es vivencial: parte del cuerpo, de lo que cada persona ha vivido, y ayuda a construir nuevos conocimientos y formas de relacionarse con los procesos corporales.
Nos sentamos a hablar con el alumnado, con familias, con profesorado y equipos de intervención. Aun así, sigue siendo difícil que se preste atención a esta temática, que muchas veces no se percibe como una prioridad. Cuesta que los centros educativos o los equipos sociales entiendan que la salud menstrual no es un asunto menor, sino una cuestión que afecta directamente al bienestar, la asistencia escolar, la participación social y la autoestima de niñas y adolescentes. La menstruación sigue siendo incómoda de nombrar. Hay profesorado que baja la voz al decir “regla” y familias que sienten vergüenza al contar que sus hijas menstrúan. No es casual que, según el Informe Equidad y Salud Menstrual en España1, el 50,4 % de las personas encuestadas no se sintieran preparadas para menstruar cuando llegó el momento, y que el 12,5 % ni siquiera supiera qué era.
Emily creyó que se estaba desangrando, que algo le pasaba en un riñón. Candela se escondía debajo de un mango y pasaba los días sin contarle a nadie que tenía la regla. Rai tuvo tanta vergüenza que no se atrevió a decir que menstruaba, y se sintió forzada a mantener relaciones. Clara se puso un tampón y se lo dejó dos días enteros. Los nombres son ficticios, pero las historias, reales. El problema es que no son excepciones, son parte de un sistema que nos enseña a callar, a avergonzarnos, a no entendernos y vivir desde ese lugar tan angosto.
Un proceso tan atravesado por la vergüenza hace que duela más de lo que debería. Esto también lo hemos visto en las aulas: resignificar la menstruación y entenderla hace que el dolor disminuya. Llevo años convencida de que se debe a que el dolor se mezcla con el asco, el bochorno y la vergüenza. Después de trabajar con cientos de adolescentes, la experiencia nos da la razón. Saber lo que nos pasa, entender el proceso y perderle el miedo también alivia. Hay una parte del dolor menstrual que proviene de las contracciones del útero —esta molestia es normal por el proceso fisiológico—, pero el dolor inhabilitante no es normal, puede esconder alguna patología. También nos parece importante ofrecer herramientas para que las adolescentes y mujeres adultas con las que trabajamos puedan tener en su ciclo menstrual una herramienta de chequeo, un sistema de autocuidado.
Además de trabajar por el entendimiento del cuerpo, también hablamos de las leyes, intentando —a través de la incidencia— que se cumplan. Los centros educativos deben garantizar el acceso gratuito a productos menstruales, como ya reconocen algunas normativas autonómicas. El 22,2 % de las personas encuestadas en el informe anteriormente mencionado reportaron no poder costear productos menstruales, y el 39,9 % tuvo dificultades para acceder a los de su elección. El 75,2 % los utilizó más tiempo del recomendado por no contar con espacios adecuados para su manejo, y el 62,7 % llegó a faltar a clase por dolor, cansancio o falta de recursos. ¿Qué más necesitamos para entender que esto no es un tema menor?
Cada 28 de mayo se celebra el Día Internacional de la Salud y la Dignidad Menstrual, una efeméride que ha ganado fuerza en los últimos años gracias a quienes trabajamos por visibilizar, denunciar y transformar. Desde Cromosomos X seguiremos abriendo espacios para la palabra, para el cuerpo, para la dignidad, para reivindicar la única sangre de revolución que no es violenta.
1Medina-Perucha, L. (Coord.), et al. (2023). Equidad y salud menstrual en España (2020–2022). Institut de Recerca en Atenció Primària Jordi Gol i Gurina (IDIAPJGol). Recuperado de https://www.researchgate.net/publication/370819094_Equidad_y_salud_menstrual_en_Espana
