BLOG

 

Hablamos de lo que pasa «Por-no tener educación sexual»

Participamos en las jornadas de Dialogasex para abordar por qué es urgente asegurar el acceso a la educación sexual para las personas jóvenes y las amenazas a las que ésta se enfrenta

Nuestras compañeras de Dialogasex han realizado sus octavas jornadas sobre educación sexual, este año con el título Por-no tener educación sexual. En ellas se han puesto de manifiesto las movidas a las que se expone la gente joven cuando, por diversos motivos, no tiene acceso a una educación sexual real y de calidad.

En las jornadas -dirigidas tanto a estudiantes de carreras relacionadas con la educación como a profesionales de este ámbito y personas interesadas-, se han abordado diferentes temas: desde la amenaza que suponen para la educación sexual los grupos antidemocráticos, hasta la influencia del porno y las plataformas como Only fans, o el impacto de la manosfera en la construcción de la masculinidad de los hombres jóvenes. Además, se ha puesto el foco en jóvenes que, por pertenecer a una minoría sexual o tener alguna discapacidad intelectual, son ignorados o desatendidos y corren riesgos adicionales. 

SEDRA ha participado, junto con Dialogasex, en la mesa titulada “Del pin parental al litigio estratégico”. Desde nuestra experiencia como víctimas de campañas de desprestigio y de denuncias judiciales contra las actividades de educación sexual que realizamos, hemos expresado nuestra preocupación por estos movimientos que llevan a los juzgados a profesionales y organizaciones por hacer su trabajo, y que se dedican a mentir a las familias sobre las actividades de educación sexual, generando confusión y temores. Movimientos que ponen en juego la educación sexual pero también la democracia en sí misma, y que no sólo actúan contra los movimientos sociales, sino contra cualquier actividad educativa -la realice quien la realice- que promueva la autonomía, la diversidad y la igualdad. Son movimientos que, además, muchas veces tienen fuertes vínculos con gobiernos de algunas comunidades autónomas que están tomando decisiones sobre la mera existencia de la educación sexual. Por eso hemos recordado en las jornadas que la defensa de la educación sexual no es sólo una cuestión de activismo, sino de proteger desde todos los frentes el marco ético y científico que sustenta nuestro trabajo. Porque si no defendemos colectivamente el derecho a la educación sexual, será imposible seguir realizándola.

Tenemos que dejar de culpar a la gente joven del impacto que tiene en sus cabezas y en sus vidas el contenido que consumen en internet, sobre todo si no les estamos dando alternativas

El resto de espacios de diálogo han tenido un tono común, con el que desde SEDRA coincidimos totalmente: tenemos que dejar de culpar a la gente joven del impacto que tiene en sus cabezas y en sus vidas el contenido que consumen en internet, sobre todo si no les estamos dando alternativas. Es nuestra responsabilidad como sociedad y como profesionales ofrecerles herramientas críticas, espacios de diálogo y referentes positivos que les permitan interpretar y cuestionar esos mensajes, además de construir una visión más saludable de las relaciones, la sexualidad y la igualdad. Solo así podremos contrarrestar las narrativas dañinas que, además, responden a unos intereses económicos evidentes y a cuyos responsables es difícil pedirles cuentas (por ahora).

Por último, ha vuelto a surgir la importante reflexión acerca de la visión que, como profesionales, estamos dando sobre los riesgos que supone internet y su impacto en cuestiones como la violencia sexual o el negacionismo de la violencia de género. ¿No le estaremos dando al porno o a la manosfera el papel que antes ha tenido el VIH o los embarazos no planificados para justificar ante las instituciones -que también parecen preocupadas por este tema- nuestra presencia en el aula y la importancia de la educación sexual? Debemos preguntarnos si con esta visión no estaremos perdiendo la oportunidad de defender la educación sexual en toda su amplitud y riqueza, y si no corremos el riesgo de sobredimensionar los efectos de ciertos fenómenos y de ofrecer una visión reduccionista y unidimensional o una imagen sesgada. Uno de cada cinco hombres jóvenes piensa que la violencia de género es un invento ideológico, sí. Pero cuatro de cada cinco -la inmensa mayoría- no lo hace. Y aunque tengamos que poner muchos esfuerzos en los primeros, no podemos permitirnos ignorar a los segundos, porque son nuestra oportunidad para promover un cambio cultural real.

Necesitamos un enfoque que no solo se centre en lo que hay que combatir, sino también en lo que podemos construir, porque si dejamos que la narrativa gire exclusivamente en torno a lo negativo, corremos el riesgo de perpetuar la desconfianza con la que acabar. La educación sexual no necesita excusas.