En el último número de nuestra revista Diálogos hablamos con José Quílez, presidente de la Sociedad Española de Contracepción. Te invitamos a que leas la entrevista.
José Quílez es médico especialista en ginecología y obstetricia en el Hospital Universitario de Basurto en Bilbao, y presidente de la Sociedad Española de Contracepción desde el 2022. Ha sido presidente de la Sociedad Vasca de Contracepción y es miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Patología Cervical y Colposcopia.
¿Cuál es tu valoración respecto a las diferencias que existen entre las diferentes comunidades autónomas en el marco de la atención a la salud sexual y la anticoncepción?
Mi valoración es que es preocupante y además lamentable. Es lamentable porque no pueden depender de la zona geográfica en la que vivas tu acceso y tu posibilidad de disfrutar de unos métodos anticonceptivos o de otros. No puede ser así, especialmente cuando la salud sexual y reproductiva es un derecho de todas las personas, y se supone que está regulado por una ley que ya data del año 2010. Vemos que el control que el Estado debería ofrecer a todos los ciudadanos y ciudadanas no se ha dispuesto de la mejor manera. Además, yo creo que es preocupante porque la inversión que hay que hacer desde las distintas comunidades autónomas para que exista una homogeneidad en realidad no es tan importante. Sólo depende de una buena organización de los sistemas sanitarios, y eso preocupa porque deja entrever que el sistema sanitario va “perdiendo comba” con el paso del tiempo.
Respecto a lo que se conoce como “hormonofobia” -ese rechazo hacia la anticoncepción hormonal y otros tratamientos hormonales por miedo a sus posibles efectos secundarios-, ¿estamos ante una moda o se trata de una preocupación justificada?
Ésta es otra de las cuestiones preocupantes que existen a día de hoy. En realidad, no creo que esté justificada esta preocupación que existe ahora; y, de hecho, a nivel social y sanitario sólo existe hormonofobia en el ámbito de la salud sexual y reproductiva. Me explico: si una persona -hombre o mujer- acude al endocrino porque es diabético y le dan insulina, no le produce hormonofobia y se la toma tranquilamente. Si pasamos a otros ejemplos como la levotiroxina que una persona debe tomar porque es hipotiroidea, tampoco se piensa que se le está dando algo nocivo para su salud. Podríamos hablar también de los análogos del glucagón, con los que la gente hoy día se está medicando para adelgazar. Sin embargo, en el terreno de la salud sexual y reproductiva, lo que en los años 60 del siglo pasado fue un hito, hoy parece que ha perdido esa esencia.
Nadie sabe por qué, ya que aunque el uso de hormonas presenta unos ciertos riesgos, estos están súper controlados, de hecho no sé yo si en los otros ejemplos que he mencionado existe tanto control. Además, la gente hoy día no diferencia el uso de hormonas como opción anticonceptiva (es una opción entre muchas otras, y se puede utilizar cualquiera de ellas) frente a tratamientos ginecológicos, por lo que nos encontramos a mujeres que tienen sangrado abundante o hiperplasias y que rechazan estos tratamientos hormonales que son los que realmente están indicados para la corrección de estas patologías. Con lo cual yo creo que es una moda preocupante y que está muy poco justificada por lo que decíamos de esos riesgos que están muy controlados, y porque a nivel global se sabe por estudios epidemiológicos importantes que los beneficios que se derivan del empleo de hormonas sexuales superan amplísimamente a los riesgos.
Si pensamos en la atención de la sexualidad en la menopausia, ¿qué necesidades no se están cubriendo actualmente y deberían ser abordadas?
Desde el punto de vista clínico, la sexualidad en la menopausia es bastante desconocida. Sabemos que se producen alteraciones de los hábitos sexuales debido a los cambios hormonales, pero hay pocas investigaciones y también un déficit de abordaje de estas patologías a nivel del sistema sanitario.
Es importante tener en cuenta que es difícil abordarlas desde las consultas; en primer lugar, por falta de tiempo. Y, en segundo lugar -quizá, de hecho, sea la principal razón-, por falta de formación. La mayoría de los profesionales que hacen asistencia clínica son profesionales formados en distintas áreas de la medicina, pero para hacer abordaje de las patologías sexológicas deberían haber hecho másteres o deberían haber puesto su interés personal. Es decir, no existen unidades especializadas a las que poder remitir a estas mujeres, por lo que yo creo que es un campo que se encuentra totalmente oscuro dentro de la asistencia clínica y que debería tener un impacto mayor a través de una formación mayor de profesionales, para que se pudieran abordar todas estas patologías y alteraciones de una mejor manera.
Sobre la anticoncepción hormonal masculina, de la que llevamos mucho tiempo leyendo y escuchando que siempre está a punto de lanzarse, ¿qué queda para que sea una realidad?
En realidad, es difícil saber exactamente el punto en el que estamos, aunque sí parece que está bastante cerca la realidad de que aparezca algún preparado comercial para varones. Es un asunto complejo, puesto que desde el punto de vista clásico -entendiendo por clásico la utilización de formulaciones similares a las que se han utilizado en mujeres-, ha habido que ir salvando una serie de obstáculos que tienen que ver sobre todo con el efecto secundario de la impotencia masculina (dependiendo del régimen hormonal que se utilice se puede producir descenso de la libido e impotencia).
Otro hándicap que se ha tenido que ir salvando con el paso del tiempo es la necesidad de que estos productos se utilicen unos meses antes de que se puedan tener relaciones sin protección; es decir, debido al normal desarrollo de la espermatogénesis habría que utilizarlos unos tres meses antes, y hay que asegurar que se produce un descenso suficiente de la producción de esperma. Parece que los últimos regímenes han ido dando resultados muy prometedores, y que han ido salvando estos escollos; hay alguna formulación que ya se encuentra en estudios avanzados, con lo cual yo creo que está muy cerca.
Hay otra anticoncepción que produce una incapacitación espermática pasajera y de la que también se está hablando muchísimo en los últimos tiempos. Esta anticoncepción produce una alteración de la motilidad pasajera del esperma, y eso hace que se pueda utilizar como profilaxis de cada relación. Veremos, pero sí parece que el futuro nos acerca a que el varón se corresponsabilice en la anticoncepción, y el escenario es prometedor.
¿Qué lectura haces de los datos que tenemos sobre el aumento en el número de diagnósticos de infecciones de transmisión sexual?
Es verdad que se trata de datos preocupantes, aunque también entiendo que estos datos hay que verlos de un modo global, es decir, nos alarmamos viendo el aumento en las tasas y en las cifras de infecciones que estamos diagnosticando hoy día, pero también es cierto que somos capaces de diagnosticarlas más -los nuevos métodos diagnósticos, sobre todo los basados en pruebas de PCR son mucho más sensibles y nos hacen ver alteraciones que probablemente antes estaban pero no veíamos-, y que hay una mayor conciencia, sobre todo entre el colectivo sanitario sobre estas infecciones. Se piensa en ellas, se buscan más y se encuentran.
En cualquier caso, las cifras son especialmente preocupantes si tenemos en cuenta que estamos en un Estado en el que el método anticonceptivo más utilizado es el preservativo. Eso quiere decir que ese preservativo se está utilizando mal, y que probablemente a nivel social también se ha perdido un poco el miedo a estas infecciones. ¿Por qué? Porque se entiende que con la toma de antibiótico se puede solucionar cualquier tipo de alteración de este estilo, y en realidad estas infecciones son peligrosas porque pueden dejar secuelas muy importantes. Por eso creo que habría que aumentar la concienciación social sobre la existencia de estas infecciones y sus consecuencias; no sólo desde el punto de vista sanitario, que ya se está cumpliendo, sino desde otras soluciones como las campañas o el nivel educativo.
Como profesionales e instituciones, ¿estamos llegando adecuadamente a la población al hablar sobre anticoncepción y sexualidad (en consulta, en internet, en las campañas…)?
Yo no sé si como instituciones o como sanitarios estamos impactando bien en la población. Tengo muchas dudas; probablemente no lo estemos haciendo. La sexualidad siempre ha sido un tema tabú a nivel social y sociocultural, una cosa de la que no se habla abiertamente o se habla en pequeños círculos. Y ahora sí que hay una corriente mayor en la que se permite hablar un poco más sobre sexualidad, pero yo creo que a nivel institucional o sanitario hay muy poco impacto, sobre todo de la anticoncepción.
Cuando desde la Sociedad Española de Contracepción (SEC) hacemos encuestas sobre los métodos anticonceptivos, una de las que cosas que más me llaman la atención es por qué la gente el método que elige. Siempre nos hablan de la comodidad y de una serie de razones entre las que habitualmente no está la eficacia. Hay muy poco conocimiento sobre cómo funcionan los métodos, y la eficacia se les suele presuponer a todos ellos, lo que quiere decir que no estamos llegando correctamente a la población con nuestro mensaje. Además, es difícil saber cuál es la mejor manera; es verdad que las campañas están ahí y que muchas de ellas se publican en internet, pero se debería hacer un impacto más importante en cómo llegar a la gente joven.
Yo entiendo que aquí la educación juega un papel muy importante: una educación mucho mejor, curricular y adaptada a la edad de las personas para que se conozcan los métodos anticonceptivos y las opciones para que cada quien sea libre de elegir lo que quiera en función de sus circunstancias.
