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VIH: hay que invertir en información para eliminar la estigmatización

Se ha avanzado mucho en la detección y tratamiento del VIH. Pero persisten falsas creencias que producen miedo al estigma y dificultades en el diagnóstico y el bienestar de las personas.

En detección y tratamiento del VIH hemos avanzado mucho: a día de hoy podemos detectar el VIH de forma temprana bloqueando la cadena de transmisión; contamos con tratamientos que, afortunadamente, hacen que las personas que viven con VIH no tengan que morir a causa de la infección y que la carga viral disminuya hasta el punto de mantenerse en niveles indetectables e intransmisibles, y tenemos mecanismos de urgencia pre y post exposición al virus. (enlaces a los vídeos del VIH)

Pero esos avances -QUE SON IMPORTANTÍSIMOS- sólo pueden funcionar si logramos avanzar también en la eliminación del estigma. Algo que para nada es secundario, por lo que nos implica como sociedad y por lo que limita el acceso a esos avances clínicos. A día de hoy, las personas que viven con VIH siguen sin contarlo por miedo al rechazo o la discriminación; pero, además, las personas que han mantenido relaciones sin protección siguen teniendo miedo a ser juzgadas o a recibir una regañina, lo que retrasa enormemente la decisión de realizarse una prueba de detección.

Sabemos que más del 40% de los diagnósticos en nuestro país son tardíos. Y que la causa directa de este retraso diagnóstico es el miedo al estigma, al que se unen las falsas creencias que todavía se tienen respecto a la infección (que el VIH es algo que se percibe a primera vista y que sólo está presente en algunos grupos de población), la sensación de invulnerabilidad, y el menor temor social a una infección de la que, afortunadamente, se habla de una forma menos dramática.

Los datos nos dicen que casi el 20% de la población española piensa que el VIH está asociado a colectivos sociales específicos, como las personas que consumen drogas, los hombres que tienen encuentros con otros hombres o las personas promiscuas. Además, un 10% cree que es probable que el VIH se pueda transmitir mediante la tos o compartiendo un vaso. Además de estos mitos, un 20% reconoce que sentiría incomodidad si trabajara en una oficina donde un/a compañero/a viviera con VIH, y el 25% pediría que esa persona fuera cambiada de puesto (Estudio del Ministerio de Sanidad y Cesida: Evolución de las Creencias y Actitudes de la Población Española hacia las Personas con el VIH desde 2008 hasta 2021).

Por esta razón, además de los avances médicos, debemos invertir en información que elimine el estigma, el rechazo y la discriminación; así como los miedos que dificultan la detección precoz. No como algo secundario, sino como una cuestión prioritaria. Información que se trasmite a través de campañas específicas y bien diseñadas; pero, sobre todo, en el aula. La educación sexual vuelve a ser la herramienta fundamental para recibir información y para mejorar las herramientas de las personas jóvenes. Hablamos de aprender a negociar el uso del preservativo; de poder proponer a una pareja la realización de una prueba de detección; y también aprender a mirar hacia dentro y decidir que es el momento de pedir una cita para realizarse esa prueba. De entender que no hay juicio posible cuando lo que se está poniendo de manifiesto es un ejercicio de responsabilidad y un compromiso con la propia salud.

Y eso sólo es posible si las comunidades autónomas hacen su tarea respecto a la educación sexual, con responsabilidad, y también respecto a los servicios de salud sexual y de detección precoz de VIH, financiándolos y garantizando su continuidad.