Las y los jóvenes de la red europea Ysafe ponen en valor sus propuestas sobre educación sexual y participación juvenil, y piden poder real para incidir en la acción social.
Acabamos de participar en el encuentro anual de YSAFE, que agrupa a las personas jóvenes de la red europea de la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPFEN). Un espacio que se ha convertido en un termómetro político y emocional de lo que los y las jóvenes de Europa y Asia Central viven y sienten.
En el encuentro se han presentado los resultados de un estudio que han liderado jóvenes de asociaciones miembro de IPPF para explorar las percepciones que las personas jóvenes tienen sobre la educación sexual que reciben, y sus propuestas para mejorarla. Las y los jóvenes investigadores se han convertido así en sujetos y no sólo objetos de una investigación que desvela lo que las propias personas jóvenes opinan sobre lo que funciona y lo que no, lo que falta y lo que podría transformar las aulas para que exista una educación sexual inclusiva, respetuosa y útil.
Publicaremos los resultados de este estudio próximamente, pero adelantamos que muestran un descontento respecto a las lagunas y desigualdades territoriales en la educación sexual que se imparte en España, y que escuchar a las y los jóvenes no se puede quedar en un gesto simbólico.
Poder real
Justamente la participación juvenil ha sido uno de los temas centrales del encuentro. Se ha hablado de obstáculos y herramientas para superarlos, y se ha hecho un llamamiento para que se otorgue a las personas jóvenes poder real de decisión, voz y responsabilidades, de manera que dicha participación no siga siendo frágil e intermitente. También se ha llamado a redefinir la «inclusión de las y los jóvenes» en procesos ya definidos para poder repensar el poder en nuestras organizaciones.
La salud mental ha sido otro de los temas centrales del encuentro de YSAFE. Porque no sólo atraviesa de lleno el ámbito de la salud y los derechos sexuales, sino también el propio activismo y voluntariado. Entre otras cuestiones, nos preguntamos cómo integrar la salud mental en la agenda de la salud sexual y reproductiva o qué condiciones necesitan las personas jóvenes voluntarias para sostener su participación sin quemarse.
Volvemos de Gante con tareas, pero sobre todo con la certeza de que buena parte de la fuerza de nuestras organizaciones reside en la voz colectiva de sus personas jóvenes. Queremos que lo que allí se ha trabajado no se quede en una sala de reuniones, sino que se convierta en estrategia para transformar nuestras asociaciones y, desde ellas, nuestros países.
