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La sexualidad de las mujeres mayores en el contexto español

Las autoras de la investigación comparten algunos de sus principales hallazgos en esta exploración del sentir de las mujeres mayores sobre su sexualidad.

Fina Sanz Ramón y Paloma Andrés Domingo escriben para la revista Diálogos este artículo sobre su investigación La sexualidad de las mujeres mayores en el contexto español. Percepciones subjetivas, impulsada por el Instituto de las Mujeres:

Fina Sanz Ramón
Psicóloga, pedagoga y sexóloga. Creadora de Terapia de Reencuentro.

Paloma Andrés Domingo
Ginecóloga y sexóloga. Experta en coordinación de grupos comunitarios en Terapia de Reencuentro.

Ante la cantidad de mitos circulantes sobre la pérdida de la sexualidad en las mujeres tras la menopausia, el Instituto de las Mujeres propone una investigación bajo el título La sexualidad de las mujeres mayores en el contexto español. Percepciones subjetivas, que aborde el sentir de las mujeres mayores de 65 años en torno a su sexualidad. Compartimos aquí algunos de los hallazgos y conclusiones.

Metodología

Realizamos una investigación cualitativa que nos permitió acceder a las narrativas personales de las 51 participantes entre 65 y 89 años. Se llevaron a cabo 6 grupos de discusión, 3 con mujeres entre 65 y 74 años y otros 3 con mujeres mayores de 74 años. Los grupos se realizaron en 4 Comunidades, Valencia, Bilbao, Sevilla y Madrid y en ellos participaron 43 mujeres. Las 8 mujeres restantes fueron entrevistadas individualmente para abordar aspectos que no surgieron en los grupos o no estaban suficientemente representados.

Los grupos se construyeron con criterios mínimos de homogeneidad, edad y comunidad y con criterios de heterogeneidad que enriquecieran las diferencias, estudios, profesión, país de nacimiento, orientación sexual, convivencia actual, estado civil, maternidad, problemas de salud, alguna discapacidad.

El tamaño de la muestra y la singularidad de cada participante no nos permiten generalizar resultados, pero si podemos concluir que en este estudio la edad en exclusiva no es un factor determinante del deseo y la expresión sexual.

Sexualidad como derecho y experiencia

Ha sido muy importante su deseo de dialogar, escuchar y ser escuchadas sobre un aspecto tan importante en sus vidas como la sexualidad, que no sólo no ha desaparecido en la vejez, sino que ahora con un mayor conocimiento de sus cuerpos, la pueden y/o quieren vivir como un DERECHO desde el placer y no desde los mandatos y la culpa que les acompañó durante buena parte de sus vidas.

Hemos explorado factores que influyen en la vivencia de sus sexualidades que confirman o desmienten los discursos sociales en torno a la sexualidad de las mujeres mayores. Los estereotipos culturales, los mandatos sociales, la educación religiosa, los problemas de salud, la menopausia, el vivir solas o en pareja, o en residencias. El ser solteras, estar casadas, viudas o divorciadas, el autoerotismo o masturbación y las agresiones sexuales sufridas a lo largo de la vida.

La sexualidad forma parte del ser humano de manera integral: el cuerpo físico, los pensamientos, las emociones, las fantasías, lo aprendido de la cultura, las relaciones, la autopercepción por lo aprendido –de forma inconsciente- a lo largo de la vida, especialmente en la infancia y en la adolescencia.

Mandatos, culpa y silencios: una educación sexual ausente

Las mujeres mayores han vivido en tres periodos históricos, en los que han podido vivenciar que vivimos en una sociedad patriarcal, con relaciones de poder entre hombres y mujeres, en la que la sexualidad se identifica con genitalidad, que es simbólicamente el poder que tienen los hombres. Las mujeres carecen de ello, y se considera que aprenderán, practicarán y gozarán a partir del matrimonio, con la pareja.  

Todas las mujeres de más de 60 años han pasado su infancia en la España del franquismo, un estado confesional en el que la pertenencia a la Iglesia Católica era, en la práctica, una obligación.

La gran mayoría de ellas comparten que en su infancia y adolescencia no se hablaba sobre el sexo, pero se transmitía tanto en casa, como en la iglesia y en la escuela que “todo era pecado”, aunque nadie explicaba “qué” de la sexualidad y el placer era pecado. La confesión obligaba a las niñas de 7 años en adelante a reconocer los pecados, sentir culpa por los actos cometidos o pensados y a aceptar un castigo.

La educación sexual en la primaria consistía en no hablar nada de sexualidad, manteniendo la hipótesis anticientífica de que la sexualidad nacía del aumento hormonal propio de la adolescencia, como preparación para la reproducción humana. Las niñas llegaban a la pubertad sin saber nada de sus procesos biológicos.

Silencio: Todas refieren que en casa nunca se hablaba de ello. Por lo que cada quien en su niñez y adolescencia tuvo que aprender a reconocerse como ser sexuado por sí misma, sin los apoyos de padres, madres ni enseñantes.

En esos contextos y en silencio, muchas de ellas desarrollaron una sexualidad más global, disfrutando de las caricias, las miradas, los besos y los abrazos con sus parejas y de la auto estimulación, prácticas sexuales que han retomado en su vejez, cuando ya han comprendido que sexualidad no es sinónimo de penetración.

Ante las prohibiciones y los primeros contactos sexuales con chicos se instaló en el cuerpo y en el imaginario de muchas chicas el miedo al embarazo como prueba inequívoca de transgredir mandatos y prohibiciones (la virginidad hasta el matrimonio, fin último para las mujeres donde podrían completarse transformándose en madres).  Han crecido con miedo al placer, sentir el propio deseo genera miedos, pecado, culpa, vergüenza y castigo

El sexo, la sexualidad solo queda redimida a través del sacramento del matrimonio, para lo cual hay que naturalizar en las niñas y niños que la sexualidad solo puede vivirse entre sexos opuestos y en forma de una única pareja. Para las mujeres lesbianas el silencio se convertía en reproche y rechazo. Todos sabían, pero no querían verbalizarlo, pensaban que no hablarlo forzaría a su hija a reprimirlo, a no manifestarlo públicamente, evitando así el estigma, teniendo en cuenta que, además, se consideraba un delito que era perseguido y castigado. Se sentían culpables y avergonzados de tener una hija “desviada”.

Redescubrimiento: el feminismo y la erótica global

En la Transición (años 70-80), hubo todo un movimiento para la igualdad –el feminismo- donde muchas mujeres aprendieron que tenían también sexualidad, aprendieron a conocer sus genitales, a acariciárselos, a conocer el orgasmo ellas solas y poder practicarlo también en pareja.

¿Eso era la sexualidad? No. La genitalidad es una parte de la sexualidad, pero la sexualidad es mucho más amplia, como muchas de ellas corroboran ahora en su vejez. La sexualidad tiene una erótica global y una erótica genital. Con la erótica global se siente un placer suave por todo el cuerpo, puede durar mucho tiempo y generar un placer que nos relaja o se incrementa el deseo. Se genera a través del contacto con los sentidos: el placer de mirar, abrazar, acariciar, etc. tanto a si misma/o, como a otra persona. Así queda reflejada esta vivencia sexual por parte de muchas mujeres mayores a lo que ellas denominan sensualidad.

A pesar de los mandatos patriarcales sobre la vida, los cuerpos y la sexualidad de las mujeres, a pesar de las creencias interiorizadas mediante los mensajes de la iglesia reforzados en el colegio y en las familias, las mujeres que se acercaron al feminismo, a través de grupos de mujeres o de terapias y otras formaciones, afrontaron la búsqueda de placer a través del autoconocimiento y de establecer relaciones sexuales satisfactorias, ya fuese conformando nuevas parejas con un vínculo más equitativo o realizando cambios en la propia.

La sexualidad es un aspecto importante de la salud

Esta investigación nos ha acercado a sus diversidades y podemos afirmar que la sexualidad representa un importante aspecto de la salud integral en la vejez, ya que fortalece la autoestima y los vínculos afectivos, contribuyendo al desarrollo de una vida plena.

No obstante, algunas mujeres manifiestan en la actualidad rechazo hacia las relaciones sexuales, lo cual se debe a una diversidad de factores. Entre ellos están el de algunas mujeres que no recibieron ninguna educación sexual y siguieron el mandato de casarse muy jóvenes, sin deseo y sin estar enamoradas, han cumplido con el deber del matrimonio y nunca han disfrutado de relaciones sexuales placenteras. Otras mencionan la complejidad de sus vivencias en la juventud, la influencia de la religión, el mandato de la virginidad y el de la procreación, y mucho más relevante el maltrato recibido por su pareja.

Las mujeres en esta investigación reconocen de forma general, aunque la realidad es muy diversa y llena de matices, que los problemas de salud y las medicaciones pueden afectar al deseo, y lo más importante, que se vive peor cuando no reciben información por parte de los profesionales de salud. Sin embargo, relatan que las enfermedades, tanto propias como de la pareja, sirven para diversificar las prácticas sexuales, se hallan nuevas formas de disfrutar y se va transformando la sexualidad de genital a global, porque el coito no es la única manera de tener sexualidad.

La mayoría de las participantes exponen que es ahora, de mayores, cuando están disfrutando más de la sexualidad, lo que nos muestra que muchas de ellas han podido ignorar la creencia social de que el sexo es solamente para las y los jóvenes y pueden tener una sexualidad positiva.