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Normalizar la conversación es promover la salud sexual

Cuando los mandatos sociales nos dicen «de eso no se habla», se vuelve difícil conversar sobre «eso». Es lo que pasa con la sexualidad a pesar de su importancia. Pero llega Blablasex.

Para facilitar la normalización de la conversación sobre sexualidad y aprovechando que hoy se celebra el Día Europeo de la Salud Sexual, presentamos la web Bla bla sex. En ella se recogen conversaciones entre jóvenes que ayudan a expresar necesidades, poner límites, construir relaciones basadas en el respeto y prevenir riesgos. Bla bla sex es, desde hoy, un lugar en el que buscar información y apoyo, y que persigue romper con los tabúes.

En los últimos meses, los titulares no dejan de mostrarnos una realidad preocupante sobre los riesgos asociados a la sexualidad y, en concreto, sobre las infecciones de transmisión sexual. Su incidencia ha aumentado enormemente en nuestro país, afectando especialmente a las personas jóvenes y con unas cifras que no se veían desde los años en los que no existía ninguna preocupación sobre este tema.

Aumentan las infecciones porque no se utiliza el preservativo; y tenemos la suficiente experiencia a través de nuestro trabajo para saber que eso está relacionado, entre otras cosas, con las dificultades para acordar su uso. Sabemos que la mayoría de las personas conocen este método y que deben usarlo en sus encuentros; e incluso saben ponerlo o ponérselo, mejor o peor. Pero muchas de ellas no sienten que tengan las herramientas para decirle a la otra persona “sin preservativo, no”.

La falta de estas herramientas de comunicación se pone en juego también en otros escenarios: la dificultad para detener un encuentro erótico, para llegar a acuerdos con la pareja o para sacar el tema de la anticoncepción, lo que expone a las personas -sobre todo las jóvenes- a riesgos. Además, las personas jóvenes están aprendiendo a diario que de este tema no se habla, y eso hace difícil que puedan buscar ayuda ante los problemas o dudas, o que acudan a un servicio sanitario si lo necesitan; lo que se traduce, entre otras cosas, en un importante retraso diagnóstico de las infecciones.

Las personas jóvenes necesitan, por lo tanto, entrenar sus habilidades interpersonales y de comunicación. Un entrenamiento para el que, por cierto, no hace falta esperar a la adolescencia, en tanto estamos hablando de las mismas herramientas que necesitan los niños y las niñas para regular sus interacciones en toda la diversidad de contextos.

Estas herramientas se pueden adquirir en la familia, pero sobre todo se trabajan en el aula. Para ello se abordan casos, se realizan juegos de rol y se potencia el diálogo con el alumnado sobre la gestión de diversas situaciones.

Por otra parte, las personas jóvenes necesitan que, en los espacios que comparten con las personas adultas y con otros/as jóvenes, la conversación sobre sexualidad esté normalizada. Porque cuando eso ocurre, se les da la oportunidad de rebajar su ansiedad ante las dificultades (“pensaba que sólo me pasaba a mí, pero no es así”) y asomarse a otras realidades, vivencias y opiniones, y por lo tanto, al valor de la diversidad. Cuando se habla sobre sexualidad en el aula, también se construye una cultura de la prevención, de modo que el propio grupo sanciona ciertos comentarios que son machistas u homófobos, o que tratan de mostrar el uso del preservativo como algo innecesario o que no mola.

Sólo cuando normalicemos la conversación pública sobre sexualidad podremos pedir a las personas jóvenes que se comuniquen y negocien en lo íntimo. Y cuando consigamos normalizar esa conversación, les estaremos dando permiso para que puedan preguntar y consultar, previniendo riesgos y mejorando su salud sexual.