En el número de otoño de la revista Diálogos, Kika Fumero nos habla de su experiencia como portavoz y coordinadora del movimiento “Mi Voz, Mi Decisión” en España.
En el vídeo que Pamela Palenciano grabó para apoyar la iniciativa “Mi Voz, Mi Decisión” y concienciar a todo el mundo para que firmara, mencionó una anécdota suya que me hizo conectar con mi propia biografía. En el vídeo, Pamela comentó que, al quedarse embarazada de su hijo, tomó conciencia de la importancia del derecho al aborto. Este relato suyo me remontó al año 2014, cuando se produjo el gran movimiento a nivel nacional de “El Tren de la Libertad”, impulsado por las compañeras de Asturies, en concreto por Tertulia Feminista Les Comadres y por Mujeres por la Igualdad de Barredos. Las feministas españolas nos organizamos para frenar el proyecto de ley de Gallardón, que pretendía recortar nuestro derecho al aborto. El ministro Gallardón tuvo que dimitir. Se demostró que cuando las feministas nos juntamos, nada nos para.
Tomé parte activa en el movimiento desde Canarias y recorrí posteriormente muchas de nuestras islas presentando el documental que produjo CIMA: “Yo decido. El tren de la libertad”. Por aquella época, mientras recolectábamos financiación para hacer posible que el documental se produjera, me sometí a un tratamiento de fecundación in vitro que resultó en embarazo. Estaba tan inmiscuida en la lucha por el aborto seguro y gratuito, que no pude evitar pararme a reflexionar sobre mi situación de entonces. ¿En manos de quién quedaba mi capacidad para decidir en el momento exacto en que aquella prueba de embarazo me marcaba ‘Embarazada, 2-3 semanas’? Al escuchar a Palenciano en su vídeo, recordé un diario que había seguido de todo aquel proceso y me hizo volver a él y leer mis notas de entonces:
Últimamente no duermo mucho. Las náuseas y la incertidumbre me superan. Hoy me he levantado a las 5 am y me puse a componer fotografías y a inventar. A pesar del momento vital en el que me encuentro, la lucha por el derecho al aborto no deja de formar parte también de mi día a día. Es mi deseo ser madre y traer una criatura al mundo, una personita con la que crecer y aprender mutuamente. No obstante, reivindico el derecho a decidir y a disponer de los medios públicos necesarios para que todas las mujeres (sin excepción) puedan acceder a un aborto libre, legal, seguro y gratuito. Porque NOSOTRAS DECIDIMOS. En mi útero hay una vida, pero en mi útero quiero mandar yo cada día. En él no hay cabida ni para el Estado ni para la Iglesia. Seguir con el embarazo o no, es una decisión personal e intransferible. Solo mía. Hoy más que nunca. Y así debe ser”.
La foto que aún guardo de aquella madrugada es una composición en la que quise dejar constancia de cómo me sentía: “mujer lesbiana sometida a reproducción humana artificial queda embarazada y reivindica su derecho a decidir”.
«Nuestras luchas muchas veces están marcadas por nuestras biografías»
Y, ¿qué tiene que ver esto con “Mi Voz, Mi Decisión”? Pues tiene que ver todo. Nuestras luchas muchas veces están marcadas por nuestras biografías. Por eso, cuando Silvia Casalino, co-directora ejecutiva de la EuroCentralAsian Lesbian Community (ONG de la que tengo el honor de formar parte de la junta directiva) y Alice Coffin (colega de la misma junta directiva, así como concejala del Ayuntamiento de París) me escribieron por WhatsApp preguntándome si quería formar parte de esta iniciativa ciudadana europea, no dudé en responder que sí. Me reuní con el equipo del Instituto 8 de marzo de Eslovenia y, a partir de aquel encuentro online, la decisión estaba tomada. El siguiente paso era crear un equipo. Y fue entonces cuando contacté con Cristina Fallarás, que aceptó el reto, y comenzamos a construir el grupo de 7 mujeres que trabajaríamos de la mano para dar a conocer el movimiento en España y llegar al máximo de firmas posible.
Pero, ¿cuál fue el germen inicial de toda esta aventura? Pues, una vez más, un caso concreto o personal se convirtió en colectivo. Todo partió de Eslovenia, del Instituto 8 de marzo de Liubliana y de la mano de su directora, Nika Kovač. Eslovenia es en realidad el primer país europeo en el que el aborto está garantizado gracias al artículo 55 de su Constitución.
En un artículo publicado en el diario digital Público el 2 de junio del presente año, la líder eslovena narra el hecho histórico que la le llevaría posteriormente a activar “My Voice, My Choice” (Mi Voz, Mi Decisión en España). Tuvo que ver con la revocación por parte del Tribunal Supremo de Estados Unidos de la sentencia de Roe contra Wade, una sentencia que durante casi 50 años había garantizado el derecho de las mujeres a decidir sobre su embarazo durante los primeros tres meses. Esta revocación llevó a la reactivación de una ley de 160 años en Arizona que prohibía completamente el aborto.
Consciente del poder de las iniciativas ciudadanas europeas, Kovač comenzó a gestionar la financiación y a construir un equipo europeo para que las instituciones europeas escucharan nuestras voces. Necesitábamos cumplir tres requisitos: que asociaciones y activistas de al menos ocho países firmaran la Iniciativa y la presentaran ante la Comisión Europea; que al menos siete países alcanzaran el umbral mínimo de firmas; y, por último, reunir un millón de firmas a lo largo y ancho de los 27 Estados miembros. Ocho países, incluido España, lograron el segundo hito en los primero 45 días. Y no solo eso: en apenas un mes y medio superamos la cifra del medio millón de firmas. La propia Comisión Europea se puso en contacto con nosotras para informarnos de que habíamos conseguido un récord de firmas en tan poco tiempo. Nada de ello hubiera sido posible sin la movilización de asociaciones, plataformas y colectivos feministas, así como de profesionales de distintos sectores.
Mucho ha acontecido desde entonces: lo que creíamos que era, en un principio, un tema de poca trascendencia en España, dado que ya contábamos con la mejor ley que habíamos tenido en la Historia de nuestro país, se convirtió en un asunto de gran trascendencia a nivel nacional. Durante los dos meses escasos que duró la campaña, el Tribunal Constitucional hubo de pronunciarse en dos ocasiones claves. En una de ellas falló a favor de que jóvenes de 16 y 17 años pudieran abortar sin permiso de sus progenitores; en otra, avaló la ley que penaliza con hasta un año de prisión el acoso a mujeres embarazadas en las clínicas donde van a practicarse el aborto.
La ultraderecha avanza a nivel europeo a un ritmo mucho más acelerado del que esperábamos y en España estamos sufriendo su impacto en muchas comunidades autónomas. Aún hay territorios en los que las mujeres se ven obligadas a desplazarse a otras ciudades para poder ejercer su derecho al aborto. Como ejemplos podemos mencionar Murcia, Soria o Palencia. En Sevilla, el PP y Vox han contratado a personal antiabortista en los centros municipales para adoctrinar a las mujeres, mientras que el presidente de la comunidad andaluza, Moreno Bonilla, distribuye casi dos millones de euros a asociaciones antiabortistas.
En los últimos meses Madrid ha acogido, de la mano de Abascal, a representantes de partidos fascistas de toda Europa y hemos tenido que escuchar en nuestro país testimonios tan aterradores como los de Milei o el propio Abascal. Para el primero, “el aborto es un asesinato con agravante de vínculo” y, para el dirigente de V0X, “el aborto se ha convertido en una práctica anticonceptiva y eugenésica”.
La realidad actual, tanto en España como en la Unión Europea, no nos augura bienestar ni calidad de vida a todas aquellas personas que no sean hombres blancos y heterosexuales. La (ultra)derecha de este país nos lo reitera a diario en sus declaraciones. Los derechos humanos fundamentales están en juego y es por ello que no vamos a parar. Seguiremos recogiendo firmas para exigir a las instituciones europeas que se pronuncien ante las peticiones de la iniciativa “Mi Voz, Mi Decisión”. Llegaremos al millón para hacerlo posible.
Cada voz, cada firma, es crucial para llegar a la meta. Nos quedan 450 mil voces más. ¡Vamos a por ello!
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