Este curso para profesionales de atención primaria nos lanza una clara señal: cientos de matronas se suman a una formación que refuerza su papel estratégico en la atención de la salud sexual.
En un sistema sanitario donde la salud sexual aún ocupa un lugar marginal, el curso de SEDRA La salud sexual en el centro, ya en su tercera edición, pretende ofrecer conocimientos y herramientas a profesionales de la salud, pero también contribuir al reconocimiento de una realidad estructural: la salud sexual es importante en la salud y la vida de las personas y por lo tanto debe ser también importante en los centros de salud, que son el corazón de la atención sanitaria.
Sin embargo, esa importancia está lejos de ser reconocida. Aunque la salud sexual forma parte de la cartera básica de servicios de atención primaria, pocas veces encuentra su lugar en la práctica cotidiana. La presión asistencial y el poco tiempo asignado para cada consulta son parte del problema, pero no lo explican todo. Falta también formación continuada y específica, y sin ella muchas y muchos profesionales sienten que les faltan herramientas para abordar algunas cuestiones relacionadas con la salud sexual en la consulta.
A ello se suma un componente actitudinal: todavía hay cierta incomodidad o inseguridad a la hora de tratar aspectos relacionados con la sexualidad, ámbito que no siempre se reconoce como parte de la atención de la salud. Además, el miedo o vergüenza que muchas personas sienten a la hora de hablar de estos temas en contextos sanitarios no siempre encuentran una respuesta preparada y acogedora. Todo ello contribuye a que la salud sexual quede, con demasiada frecuencia, relegada a un plano secundario.
Una pista que ya conocíamos
La baja participación médica en el curso contrasta con el interés masivo por parte de las más de cuatrocientas matronas inscritas. Creemos que esto puede ser indicativo de cómo se entiende -y cómo se ejerce- la atención de la salud sexual dentro del sistema. Que apenas haya profesionales médicos inscritos parece apuntar a que la salud sexual no se considera algo importante en la práctica médica general, marcada por agendas sobrecargadas, enfoques centrados en lo biomédico y, a menudo, escasa formación específica en sexualidad. Pero también refleja una cierta distancia -que puede ser por incomodidad, desinterés o falta de una mirada más integradora- con una dimensión de la salud que requiere escucha, tiempo y una mirada más abarcadora y relacional.
El lugar que están ocupando las matronas en esta formación no solo es llamativo por lo numérico, sino por lo que revela de fondo: es el perfil profesional que llega con más formación específica, el que más se vincula de entrada con la salud sexual y el que suele disponer de más tiempo por consulta. Eso no solo mejora la atención, sino que permite descongestionar el sistema sanitario. Si las matronas tienen los medios, el enfoque y las herramientas, pueden -y deben- ser una pieza clave de la respuesta institucional. Así lo confirma también el mapeo realizado por SEDRA sobre la atención de la salud sexual en las comunidades autónomas, que destaca el potencial de este perfil profesional para asumir un papel central en dicha atención.
Formación práctica, contenidos actuales
“En la sesión sobre violencia sexual me di cuenta de que muchas veces he intuido algo en consulta y no he sabido cómo abrir la conversación. Ahora tengo más claro por dónde empezar, y además me llevo claves muy prácticas para detectar señales incluso cuando la paciente no lo verbaliza. Eso, en la consulta, es oro.”
“Lo que más me ha impactado ha sido la sesión sobre VIH. Como no estamos actualizadas, no sabía que existían tratamientos preventivos, y eso cambia mi enfoque completamente.”
En las sesiones de La salud sexual en el centro se abordan tanto contenidos teóricos como herramientas concretas y casos prácticos que pueden aplicarse en las consultas diarias. Desde anticoncepción, infecciones y VIH, o violencia sexual y de género, hasta atención a colectivos específicos -personas jóvenes, migrantes, personas con discapacidad o comunidad LGTBIQ+.
Cuando el curso ha llegado a su ecuador, los comentarios que nos expresan las participantes no sólo nos reafirman en la utilidad de esta formación, sino también en la necesidad de una formación continuada que, como sabemos, no está siendo impartida de forma uniforme en el propio sistema. En sus palabras se refleja cómo una propuesta formativa puede traducirse en cambios concretos en la práctica profesional: porque actualiza conocimientos, reafirma enfoques y abre nuevas maneras de abordar la salud sexual desde la consulta.
La salud sexual no es un extra
Este curso muestra, una vez más, que la salud sexual no es un lujo ni un añadido. Es una dimensión esencial de la salud y del bienestar, y necesita que se le dedique tiempo, formación y compromiso. El compromiso individual de quienes participan es valioso -y evidente-, pero no basta: es imprescindible un compromiso político que asegure la presencia estable y estructural de la salud sexual en la atención primaria.
También muestra que el sistema tiene dónde apoyarse: en sus profesionales, que están dispuestas y preparadas para ocupar ese espacio si se les da el lugar y los medios; pero también en entidades como SEDRA, que desde hace años promueven espacios formativos como este, con una mirada consciente, aplicada y profundamente alineada con las necesidades del sistema y de la población.
