Impartimos, junto con Amref Salud África, un curso liderado por la asociación Los Molinos que se enmarca en una propuesta para entender y transformar desde las prácticas culturales
El curso sobre mutilación genital femenina (MGF) en el que SEDRA-FPFE participa se enmarca en una propuesta sólida, extensa —100 horas lectivas—, dirigida a un grupo de profesionales vinculadas a la acción social y la intervención comunitaria, que parte de una idea clara: para transformar lo que sostiene la mutilación genital no basta con conocer sus cifras ni su tipología. Hay que comprender las matrices culturales y los marcos de poder en los que se inscribe, sus funciones simbólicas y las formas en que muchas mujeres —también aquí— la discuten, la negocian y la desafían.
La mutilación genital femenina no es una excepción cultural ni una rareza exótica. No es una costumbre “de otros” que se elimina con campañas. Es un sistema que regula cuerpos, roles de género e identidades a través de una acción que no es solo física, sino que funciona como un mecanismo simbólico de control que se mantiene no solo por tradición, sino por presión social, por pertenencia y por miedo. Abordarlo requiere algo más que voluntad; requiere formación con herramientas rigurosas, análisis situado y conocimiento de los procesos de transformación que ya están en marcha dentro de muchas comunidades.
Un curso para comprender y transformar
Este curso se centra justo en lo que suele quedar fuera de los abordajes clásicos. Utiliza el mapeo sociocultural para entender dónde, cómo y por qué se sigue practicando esta mutilación, y qué factores sociales, simbólicos y territoriales la sostienen. Aborda la salud sexual y reproductiva como un derecho que debe garantizarse a todas las mujeres sin excepciones por cuestiones morales, culturales o administrativas, y sitúa a las mujeres migrantes no sólo como fuentes de testimonios dolorosos, sino como protagonistas de los cambios que ya están en marcha. Todo ello sin esquivar los dilemas concretos a los que se enfrentan las profesionales en el día a día, y sin traducir la complejidad en respuestas automáticas o manuales rígidos.
El curso tampoco se limita a lo que ocurre en los países de origen. Dedica espacio a pensar lo que pasa aquí, en España, cuando la mutilación genital femenina aparece en contextos migratorios atravesados por tensiones reales: cómo intervenir sin caer en la sospecha sistemática, cómo prevenir sin reforzar estigmas, cómo acompañar sin imponer. Y, también, cómo entender lo que viven muchas mujeres que, tras migrar, se enfrentan a decisiones complejas: cumplir o no con expectativas familiares vinculadas con la mutilación, adaptarse a normas nuevas del país de acogida o sostener posiciones intermedias que a veces generan conflicto en ambos lados. Se trabajan situaciones concretas, marcos legales, herramientas prácticas y formas de actuar que tengan sentido para todas las partes implicadas.
Liderado por la asociación Los Molinos
Esta formación está organizada por AD Los Molinos, una entidad con la que SEDRA colabora desde hace tiempo y que ha apostado por una propuesta valiente, clara y bien planteada sobre un tema que no siempre se aborda con la profundidad que merece. Se lleva a cabo en coordinación con Amref Salud África, organización de referencia en África por su trabajo comunitario en la construcción de alternativas a la mutilación. En esta alianza, SEDRA aporta su conocimiento de la conexión entre la mutilación genital femenina y la salud sexual y reproductiva y su experiencia de trabajo con mujeres migrantes, especialmente en contextos atravesados por la violencia de género, con una mirada intercultural y de derechos.
Más que una acumulación de contenidos, el curso está generando preguntas importantes, intercambio entre profesionales y herramientas que permiten intervenir con más criterio. Porque cuando hablamos de mutilación genital femenina, hablamos de una grave violación de los derechos humanos y de una práctica atravesada por procesos culturales. Y también de la posibilidad de que las mujeres —y las comunidades a las que pertenecen— puedan ejercer siempre otras formas de crecer, de celebrarse y de cuidarse, sin pasar por la violencia.
