Determinadas reacciones contra la igualdad de género nos obligan a modificar nuestros enfoques de intervención, porque estamos inmersas en una batalla que es cultural y por lo tanto política.
SEDRA-FPFE forma parte del proyecto europeo Safe from SGBV (seguras y seguros frente a la violencia de género) que en los últimos años ha reunido a organizaciones de países europeos con el objetivo de fortalecer nuestras capacidades técnicas e institucionales para prevenir la violencia de género desde un enfoque transformador.
Dicho enfoque —el gender transformative approach o enfoque para transformar las normas de género— va más allá de la sensibilización: busca modificar activamente las normas sociales, los valores culturales y las estructuras que permiten las desigualdades y las violencias. No se trata solo de incorporar la perspectiva de género en nuestras intervenciones, sino de cuestionar, cambiar y reconstruir los sistemas que sostienen la desigualdad.
Del desarrollo de herramientas a la revisión estructural
En la primera fase del proyecto, que ha liderado la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), elaboramos una guía de intervención para la prevención de la violencia de género. Este recurso ha permitido consolidar prácticas comunes, poner en valor experiencias locales y estructurar acciones dirigidas a jóvenes y a profesionales del ámbito educativo y social.
Sin embargo, a lo largo del proceso se ha hecho evidente que además de desarrollar herramientas educativas estamos inmersas en una disputa política por el sentido de la igualdad, los cuerpos y los derechos. Esto nos ha llevado a repensar no solo el contenido de nuestras intervenciones, sino también el lugar desde el que hablamos y los enfoques desde los que trabajamos.
El contexto actual en Europa ha planteado retos nuevos y profundamente interconectados para el trabajo por la igualdad y la educación sexual. La oposición a estos derechos —promovida entre las familias por determinados grupos profundamente antidemocráticos—, el rechazo de parte de los chicos jóvenes a los discursos feministas o LGTBIQA+, y la desafección hacia los marcos democráticos de igualdad no son fenómenos aislados. Forman parte de una reacción estructurada frente a los avances en derechos.
Y en este escenario, los espacios educativos se han vuelto más complejos. Lo que antes eran reacciones puntuales hoy son argumentos repetidos, que se aprenden fuera del aula y que son legitimados por referentes mediáticos y culturales. Para muchos chicos jóvenes, estas posiciones contra la igualdad de género funcionan como anclaje identitario en un contexto de incertidumbre.
Por eso hemos tenido que revisar nuestras propias estrategias. Durante años, hemos utilizado el enfoque del “buen trato” como una puerta de entrada a la igualdad: hablar de respeto mutuo, relaciones sanas, cuidado y comunicación. Ha sido útil para generar cercanía y facilitar conversaciones difíciles, pero ese marco, centrado en las relaciones personales, ya no es suficiente para afrontar las dinámicas estructurales que sostienen el rechazo actual a la igualdad.
La oposición a la igualdad exige nuevos enfoques
Porque ese rechazo ya no es solo interpersonal o emocional, sino que forma parte de cómo algunos chicos construyen su identidad en oposición a los discursos de igualdad, feminismo o diversidad. Es una forma de afirmarse frente a lo que perciben como una realidad que amenaza su lugar en el mundo. Y en ese proceso, los discursos reaccionarios les ofrecen certezas, pertenencia y sentido, frente a una igualdad que se presenta como compleja, exigente o abstracta.
Hoy sabemos que intervenir solo a nivel relacional deja intactos los marcos culturales e identitarios en los que se construyen esas resistencias. Por eso, el enfoque transformador de las normas de género no es solo deseable sino imprescindible para llevar a cabo una intervención con impacto político, educativo y social real.
La experiencia de SEDRA
A lo largo del proyecto, desde SEDRA-FPFE hemos trabajado en dos niveles complementarios:
Por un lado, en la intervención directa: talleres de educación sexual con jóvenes en general y con chicos en particular, y formaciones con profesionales del ámbito educativo y social. En estos espacios hemos probado estrategias nuevas, adaptado mensajes y buscado formas de abrir conversaciones sin caer en el enfrentamiento estéril.
Por otro lado, hemos impulsado una reflexión institucional: ¿hasta qué punto lo aprendido se queda en un proyecto, y hasta qué punto transforma nuestra forma de trabajar? ¿Cómo se incorporan estas claves en nuestras líneas metodológicas, nuestros materiales, nuestros posicionamientos políticos? Este paso es clave si queremos que el enfoque transformador no dependa de voluntades individuales sino de decisiones estructurales.
La mirada política: narrativas, cuidado y sostenibilidad
El encuentro final del proyecto, celebrado en Bruselas en junio de 2025, ha sido una oportunidad para poner en común estos recorridos. A través de metodologías de storytelling y análisis colectivo, hemos compartido buenas prácticas y también dudas, tensiones y aprendizajes.
También hemos reflexionado sobre el papel de las organizaciones como cuidadoras de estos procesos. Porque sostener la transformación de las normas de género exige también sostener a quienes la facilitan y generar posiciones institucionales que no deleguen todo en quien entra a un aula.
Al final de este proceso, nos llevamos dos certezas:
Que el enfoque transformador de las normas de género es imprescindible si queremos avanzar en la prevención de la violencia de género desde la raíz.
Que seguir interviniendo en este terreno es una decisión política y no solo técnica.
Lo que está en juego no es solo si los chicos jóvenes entienden qué es el consentimiento o si los centros educativos trabajan el buen trato. Sino también quién define los marcos de sentido sobre la sexualidad, el cuerpo, el poder y la democracia.
Por eso, no basta con estar presentes: necesitamos seguir fortaleciendo nuestra comunicación, nuestras alianzas y nuestras estructuras. No vamos a resolver esta disputa solo desde un taller, pero no podemos permitirnos ausentarnos del espacio donde se están construyendo los sentidos comunes de esta generación.
